Y… ¿dónde alojo a mi perro?, ¿dónde lo meto?


Tradicionalmente siempre se ha pensado que los animales son más felices viviendo en el exterior. Sin embargo nuestra opinión es que todos los perros se sienten más felices, sanos y seguros cuando pasan la mayor parte del tiempo en el interior de los hogares conviviendo con las personas, ya que también necesitan una intensa vida social. En la mayoría de los hogares en las ciudades los perros se alojan en el interior de los pisos y se muestran felices. Pero en otras ocasiones, donde las casas tienen patio o jardín exterior, surge la duda de dónde estará mejor el perro.


Nuestras mascotas necesitan pasar tiempo con la familia para aprender sus normas y cómo llevarse bien. Es posible que si pasan la mayor parte del tiempo en el jardín, solos o en compañía de otros perros únicamente, se acaben comportando temerosos, hiperactivos e incluso agresivos con la familia y otras personas, debido a la falta de socialización con ellas.


En el caso de los cachorros se tiende a dejarlos solos, en casa o en el jardín, durante las ausencias prolongadas del hogar. Esta situación puede provocar que no tengan suficiente relación social cuando son jóvenes, pudiendo desarrollar posteriormente temores o agresividad con las personas y otros animales. Además, si se alojan en el exterior, los cachorros son más sensibles a las condiciones climáticas externas que los perros adultos, pudiendo implicar un riesgo sanitario extra.




Dejar a los perros fuera de casa puede conllevar riesgos añadidos, ya que podrían escaparse, extraviarse y ser robados o envenenados por personas desconsideradas.


Además, los perros que pasan mucho tiempo en el jardín se pueden aburrir y sentirse solos y frustrados. Como consecuencia podrían aparecer comportamientos anormales como el de hacer agujeros por el jardín o ladrar excesivamente. También los perros que están fuera de casa, pueden comportarse amistosamente con cualquier persona extraña que los acaricie o les de algo de comer, perdiendo entonces la utilidad de protector de la casa, si esta actividad es la que se busca en ellos. Por contra se pueden volver excesivamente territoriales y sentir la necesidad de proteger su territorio, incluso de la familia y amigos. Si a los perros no se les permite la entrada en casa de manera habitual, podría resultarles difícil distinguir entre los miembros de la familia y los amigos, o los extraños.


Otra práctica es alojar a los perros en el garaje. Lugar poco adecuado para meter al perro, donde además puede sentirse aislado, con los consiguientes problemas de conducta asociados. Los garajes son lugares oscuros, húmedos y poco ventilados, donde a menudo se almacenan herramientas y sustancias químicas potencialmente dañinas para los perros curiosos.


Si se ve obligado a tener que dejar a su perro en el exterior durante tiempos prolongados, no olvide dejarle con una caseta bien aislada o una buena sombra, sobre todo en verano; alimento y agua fresca a diario, y no se olvide de pasearlo diariamente varias veces.


En la vida de ciudad, donde prima el trabajo principalmente, también se utiliza a veces la terraza como lugar de espera hasta la vuelta a casa después de una larga jornada. Si dispone de terraza, permítale a su perro el acceso a ella, y el acceso a ver cuanto sucede en la calle. Si por el contrario sólo dispone de ventanas o ventanales, facilítele la forma de ver el exterior a través de ellas. Esto permitirá una socialización con el entorno y el ambiente en la calle, favoreciendo el entretenimiento de los perros que pasan mucho tiempo solos dentro de casa.


Por contra, puede aparecer el inconveniente de conductas molestas, como destrucción de objetos caseros, ladridos excesivos o territorialidad. Por ello es fundamental la elección de la vista más tranquila y sosegada del exterior, combinada con una correcta educación.


Sabemos de sobra que la mayoría de los perros disfrutan estando fuera de casa. Pero debe existir un equilibrio entre el tiempo que pasen en el jardín o en la terraza solos y los buenos momentos junto a su familia. Con un poco de educación y entrenamiento los perros pueden aprender a portarse bien con las personas y a respetar las normas del hogar. Pueden quedarse dentro solos sin preocupación, y ser compañeros leales y de confianza perfectamente integrados en la familia.