Demencia senil en un perro



Los perros de edad avanzada (más de 7 años) con un desgaste del sistema nervioso central presentan un conjunto de síntomas como desorientación, confusión, falta de memoria, cambios de personalidad, trastornos del sueño, así como alteraciones en el comportamiento social, exploratorio y eliminativo.Todos ellos conforman el denominado Síndrome de Disfunción Cognitiva o Demencia Senil. Los estados demenciales, son un conjunto de trastornos de naturaleza orgánica que se caracterizan por una disminución de las funciones intelectuales, que producen una desintegración de las conductas sociales e individuales del paciente y que frecuentemente presentan un curso progresivo y crónico, pudiendo aparecer sintomatología motora o sensorial. Los cambios de conducta observados son muy frustrantes para el dueño, y en la mayoría de los casos el tratamiento médico es la única forma de reducir el impacto de estos problemas, aunque se trata de tratamientos paliativos que retrasan el avance de la enfermedad, ya que este síndrome no tiene cura. En un estudio sobre 26 propietarios de pacientes caninos seniles, las quejas más comunes sobre conducta se relacionaban con la destrucción, defecación o micción inapropiada, y una excesiva vocalización (Horwitz, 2005).




En este síndrome, uno de los grandes problemas es el mal funcionamiento del proceso de la memoria, aunque existen otros componentes en la función cognitiva igualmente importantes como la percepción y atención. De aquí que durante las sesiones de terapia sea muy importante utilizar unas buenas dosis de motivación para mejorar las capacidades de percepción en el animal, fuera de ambientes que puedan estresar al perro.


El envejecimiento no es un trastorno del comportamiento, pero los cambios producidos durante el proceso provocan una reducción progresiva en la capacidad del animal para adaptarse al ambiente que le rodea. Esta situación conlleva un mayor nivel de estrés que desencadena un estado de ansiedad. La ansiedad constituye un factor de riesgo por la vulnerabilidad que implica para el individuo, al centrar toda su atención en el estado interno de padecimiento, lo que genera un estado de confusión que interfiere con la realización de tareas importantes. Esta dificultad para controlar la atención podría explicar la incapacidad para centrarse en tareas concretas por un lado, y por otro los problemas de pérdida de memoria. La aparición de ansiedad por separación en perros ancianos puede estar causada por la pérdida de memoria en el establecimiento de las rutinas previas, un fallo en el paciente para el reconocimiento de sus alrededores en ausencia de los miembros familiares, desorientación espacial o pérdida de los comportamientos desinhibitorios.


Otra patología que puede estar asociada con la Disfunción Cognitiva es la depresión, la cual puede aparecer en pacientes con una demencia senil ya establecida o puede ser confundida con demencia al aparecer acompañada de dificultades cognitivas y también puede ser considerada como un factor de riesgo o antecedente de demencia (Ibáñez y Morillas, 2003).


Los propietarios de animales mayores suelen considerar como normales algunos cambios de conducta que manifiestan sus mascotas. Sin embargo, un gran porcentaje de estos animales que presentan sintomatología senil en la consulta diaria son confirmados como pacientes con Síndrome de Disfunción Cognitiva. Igualmente, se detectan problemas seniles en animales de más de 7 años, aparentemente asintomáticos, cuando se someten a exámenes rutinarios en las clínicas veterinarias.


Caso clínico

Historia clínica

Nessi, una hembra mestiza de Pastor Belga castrada, de 13 años de edad, y con 25 Kg. de peso, acude a la consulta de la Clínica del Comportamiento Animal de la Universidad Complutense porque desde hace tres meses presenta desorientación, ansiedad, conducta destructiva y tiene el sueño alterado. Fue adoptada en una protectora de animales con ocho meses de edad. Nessi convive con dos personas adultas y dos gatos. Sus propietarios la definen como una perrita muy inquieta y nerviosa, presentando temblores frecuentemente. La familia vive en un piso de 100 m2 en el área metropolitana de Madrid. Se queda sola en casa durante las mañanas. Tiene acceso a toda la casa, pero duerme en la cocina que es donde tiene su cama. Presenta un nivel de actividad bajo ya que no muestra interés por salir a pasear, queriendo regresar inmediatamente después de hacer sus deposiciones. La alimentación consiste en pienso, aunque en determinadas ocasiones le suplementan con comida casera, y tiene a su disposición durante todo el día el plato de comida. Últimamente ha perdido interés por cualquier tipo de comida. Presenta dificultad para subir y bajar escaleras. Ha perdido las ganas de jugar, tanto con juguetes como con sus dueños. Nunca ha recibido entrenamiento de obediencia, pero tiene un buen nivel de respuesta a las órdenes de sus propietarios, aunque últimamente presta menos atención. Nessi, presenta confusión y desorientación. Tiene momentos de gran ansiedad, destruye objetos de poca importancia esporádicamente, rasca intensamente y de forma muy alterada la puerta de la casa cuando se queda sola. Persigue jadeando y llorando a sus dueños y a los gatos cuando están en casa, a veces se queda inmóvil, ladra a nada concreto y parece estar ajena a su entorno. Los síntomas aparecieron gradualmente pero son más evidentes desde hace tres meses. Presenta alteraciones del sueño, durmiendo más tiempo durante el día que por las noches, mostrando actividad nocturna y deambulación por la casa. Los propietarios acuden a la consulta remitidos por su veterinario tras pautarle un tratamiento de Diazepam y Clomipramina y no haber conseguido resultados satisfactorios.

Exploración física

La evaluación física se practicó por el veterinario remitente, el cual realizó una exploración completa y pruebas complementarias como análisis de sangre, orina y heces. El examen físico y los resultados de las pruebas laboratoriales arrojaron valores normales por cuanto fue descartada cualquier otra alteración de índole orgánica.

Diagnóstico diferencial

Es importante tener presente una lista de problemas de comportamiento que pueden presentarse en perros ancianos para el reconocimiento de pacientes con posibles problemas de demencia. El establecimiento de un diagnóstico de disfunción cognitiva requiere la presencia de uno o más de los siguientes signos clínicos:

  • Disminución de la actividad física, confusión y desorientación.

  • Disminución de la interacción con los miembros de la familia.

  • Disminución de las respuestas sensitivas a estímulos.

  • Problemas en la ejecución de las ordenes previamente aprendidas.

  • Incremento de la irritabilidad.

  • Alteraciones en el ciclo de sueño.

  • Pérdida de los hábitos de defecación y micción.